Fórmula 750

241_f750_3En este número de LA MOTO te traemos la historia de la Fórmula 750. Neumáticos hechos trizas, motores gripados, shimmies, la F750, el espectáculo más bestia sobre la faz de la tierra. Hace treinta años en Daytona nació una nueva modalidad de carreras de 750 cc que llegaría a crear las más salvajes e irracionales motos de todos los tiempos.

Estas motos revolucionarían las carreras en circuito, sus salvajes prestaciones crearon nuevo mundo de emociones tanto para los pilotos como para los aficionados, y también causaron unas buenas jaquecas a pilotos e ingenieros. El dramático incremento de la velocidad debido a su tremenda potencia dejó obsoleta la tecnología de las carreras de ese momento y obligó a sus integrantes a tener que impulsar mejoras en todas las áreas, desde el diseño del motor a la tecnología de los chasis o la construcción de los neumáticos.

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«Las dos tiempos eran animales, absolutamente animales —dice Paul Smart—. La manejabilidad era terrible y la fiabilidad pésima. El motor solía hacerse añicos en marcha y constantemente se sobrecalentaban porque el reglamento técnico de la F750 obligaba a que se empleasen cilindros de serie y también a mantener el cárter original, y todo estaba funcionando al límite. Pero el gran talón de Aquiles de las primeras motos, lo que te aterrorizaba pilotando aquellas puñeteras “cosas”, era que los neumáticos no eran capaces de soportar ese tremendo aumento de la velocidad máxima. Cuando íbamos a los óvalos, que eran los circuitos que los americanos utilizaban para un montón de carreras, esas motos eran capaces de alcanzar unos 280 km/h, y los neumáticos podían no hacer más dos vueltas antes de volar en pedazos. De repente sentías una tremenda vibración y “bang”, el neumático explotaba. Tenías pavor de la próxima carrera».

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