Cuando Honda decidió volver a las carreras después de una década de ausencia, el mundo había cambiado. Y lo había hecho tanto que la firma japonesa comenzó su nueva andadura con el fracaso más estrepitoso de toda su historia deportiva, la sin embargo admirada NR. Una moto adelantada a su tiempo que en 1979 contaba con un chasis de chapa monocasco, radiadores laterales, rueda de 16″, horquilla invertida, llantas desmontables, suspensión monoamortiguador y un motor de cuatro cilindros en V con cilindros ovales, cada uno de ellos con ocho válvulas y dos bielas capaces de hacerlo girar a 22.000 rpm. Con ella comienza la última entrega dedicada a la historia de Honda en el Mundial, que podrás leer en el número de mayo de la revista LA MOTO, mañana en tu quiosco.
Las motos debutaron en el GP de Gran Bretaña en Silverstone, en agosto de 1979. Katayama se clasifico el último y Grant de reserva con tiempos peores que los de algunas 250 cc, aunque le dejaron salir. Pero lo peor llegó en la carrera. Katayama logró arrancar, pero Grant desde el fondo no lo conseguía. El japonés miró hacía atrás y empezó a esperarle, hasta que después de unos 40 metros de intentos la segunda Honda arrancó. Grant se subió y empezó a acelerar, pero estaba sentado tan atrás que la rueda delantera se levantó y se mantuvo arriba mientras cambiaba a segunda y a tercera. El motor acelerado a tope en esa posición provocó que el aceite se saliera y bañase la rueda trasera, de manera que el británico no llegó a tomar la primera curva, se cayó y la moto se incendió. Y al llegar a los boxes los japoneses le dijeron: «No más caballitos…».
A Katayama las cosas no le fueron mucho mejor, el motor se rompió en la segunda vuelta y, tras regar de aceite el circuito, se retiró.
La triste historia de 1979 tuvo su final en la siguiente carrera, en Francia. Ninguna de las dos motos se clasificó, pero el equipo las envió a la parrilla con la esperanza que las dejaran salir, algo que no ocurrió. Los dos pilotos fueron expulsados de la parrilla y las primeras NR con su chasis monocasco nunca volvieron a verse en un circuito.[...]
Pero pronto se rehizo la marca del ala dorada y fabricó una moto también distinta a todo lo que había, la NS 500, aunque en este caso, sí funcionó. Y a ella la sucedió la NSR 500, la autentica referencia en el Mundial de 500 hasta su desaparición en 2001, especialmente en manos de Mick Doohan.
El gran año de la NS 500 fue 1983, una temporada en la que Spencer y Roberts hicieron recordar las batallas entre Hailwood y Agostini sustituyendo la roja MV Agusta por la Yamaha pintada con los colores de Marlboro. Spencer ganó el primer título de Honda en la categoría reina, Roberts se retiró y Honda volvió por sus fueros celebrando la victoria con una nueva moto creada de nuevo a miles de kilómetros de cualquier circuito y de sus necesidades.
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La NSR 500 estuvo en manos de Gardner, evolucionando y adaptando poco a poco su estructura -los carburadores se llevaron a la parte central de la V de los cilindros, su ángulo se abrió y se trabajó sobre la respuesta del motor y la elaboración del chasis- hasta convertirse en invencible desde principios de la década de los ’90, especialmente cuando Eddie Lawson desertó de Yamaha en 1989. El americano logró el título con una NSR y la ayuda de Kanemoto, que a la vez se encumbró como preparador. A finales de ese año la base de la NSR ya estaba tan establecida que prácticamente no cambió hasta la llegada de la nueva categoría MotoGP.
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