En el último número de LA MOTO publicamos una carta de un lector que se quejaba del estado del asfalto de su ciudad. Interesante ver cómo cuidan nuestros gobernantes, en este caso el Ayuntamiento de Madrid, de nuestra seguridad… Y además no se trata de ninguna calle recóndita o de los suburbios, sino de una de las principales arterias de la capital. Aquí tienes su carta y las fotos que no pudimos meter en la revista.
¡Hola a todos!
«En esta vida, hay dos clases de moteros, los que se han caído y los que se van a caer».
Ésta fue una de las primeras frases que me dijeron compañeros y familiares moteros cuando sentaba mis posaderas por primera vez en una moto -¡ay, madre, la que me espera!, pensé-. El dicho es una realidad, pero parece que el Ayuntamiento de Madrid, se está empeñando en que se cumpla o sí, o sí.
Y diréis, ¿a qué viene todo esto? Pues a que debido al pasotismo y mal hacer de quien quiera que sea el que esté al cargo del mantenimiento de las calles de Madrid, debido a su «fantástica» labor, cualquiera de nosotros, sí, sí, cualquiera, quien cometa la tremenda «imprudencia o temeridad» de no circular mirando los boquetes que hay en el suelo, además de ir pendiente de que el enlatado de turno no se te eche encima, puede acabar con sus huesos golpeando el duro asfalto.
Os voy a poner un simple ejemplo, de en lo que se está convirtiendo una calle como la de Francisco Silvela en Madrid -no es que se diga una calle pequeña, vaya- Poco menos que un patatal al ritmo que vamos.
En el pequeño tramo que desemboca en la Plaza de Manuel Becerra, tenemos rejillas de metro saltarinas -un nuevo modelo- que saltan cuando pasas por encima de ellas, agujeros en el asfalto que cualquier familia de topos podría tomar como su dulce hogar, alcantarillas sin tapa -modelo traga horquillas-, pasos de cebra amarillos que no tienen nada que envidiar a una pista de patinaje sobre hielo, y ya, para rematar, chapas, o mejor dicho, cuchillas de acero para intentar tapar todas las chapuzas anteriores.
Empezamos la calle con una rejilla de metro: El primer día que pillé este bache, mi pobre novia que iba de paquete, salió literalmente volando y acabó subida a mi espalda por completo, parecía un espectáculo circense…
Le sumamos un paso de cebra con pintura hiperdeslizante, continuamos con una tapa y una rejilla de una alcantarilla, otra rejilla de metro y un par de toperas -donde vive papá topo y la «topotamadre» del que permite esto-. Y ya para rematar una cuchilla, pero a ras de suelo:
Conclusión: Ostión seguro.
Estoy cansado de que me tachen de temerario, estoy harto de tener que jugarme la vida por la dejadez de otros, simplemente por usar un medio de transporte diferente. Ya vale de justificar los accidentes con un ¡ah! es que era motero. Y ya es hora de que se gasten los cuartos en un poco de seguridad.
Se me cae la cara de vergüenza de ver semejantes pozos en mitad de una ciudad. Os pido que, por favor, publiquéis la fotos de estas trampas para que ojalá la gente que pase por ahí, pueda estar en previo aviso para que ningún otro motero caiga en ellas. Y también, por qué no, para ponerle un «0» al Ayuntamiento de Madrid en prevención.
Ya no es eliminar un guardarraíl, ya no es una añadir una bionda para evitar una cuchilla, es algo tan sencillo como no caer al metro desde la propia calle, ¡coño!
Gracias por vuestra labor.
V’s a todos esos moteros «temerarios».
CARLOS BUISÁN
MADRID









on abr 21st, 2009 at 9:23 pm
Verdades como estas deberían decirse más a menudo y deberían llegar donde deben, que es lo importante.
Muy buen artículo y ójala que sirva para arreglar este y otros muchos baches.
on dic 22nd, 2009 at 1:34 pm
En Marratxí (un municipio de Mallorca), se han puesto de moda los pasos de peatones “elevados”, bastante elevados diría yo, tanto que yendo a 10 km/H en coche pegas unos saltos bestiales. Y no te digo nada si los pillas yendo un poco despistado a la velocidad máxima permitida (40 km/h). Y si todo eso sucede cuando vas en coche, imaginaos lo que puede ser en moto.
Otra prueba más de lo mucho que nos cuidan