Cuando las circunstancias del destino hicieron que recalase en la dirección de esta revista, allá por la primavera del año 2004, la verdad es que no tenía muchas razones para estar contento. Me encontraba en la posición que todavía ocupo, porque el «alma mater» de La Moto, César Agüí, había fallecido en un accidente mientras trabajaba para hacerla. Algunos no habréis conocido su época, pero la mayoría sigue guardando de él, el mejor recuerdo como profesional, como aficionado, y los que lo conocieron personalmente, como persona y como amigo.
Hoy me encuentro en la misma tesitura, despedir a otra persona de esta casa y de esta revista. Carlos de la Fuente ya era un colaborador habitual en los años de César, ha escrito en ella, ha sido constantemente una de esas personas anónimas que protagoniza nuestras fotos tras una pantalla oscura, nos ha proporcionado todos esos datos de las motos que distinguen nuestra publicación de otras, lo que corren, lo que gastan, lo que aceleran. Carlos era una persona que vivía haciendo lo que le gustaba, montar en moto, saltar en paracaídas. Y haciendo lo que amaba ha seguido el camino que todos tomaremos: para siempre, él será ya eternamente joven en nuestros recuerdos. Nosotros, mientras tanto, no tenemos más opción que seguir haciendo nuestro trabajo lo mejor posible, ayudados por vuestra crítica y apoyados por vuestros comentarios.
En esta temporada en que tras las heladas y la sequía ahora llega la lluvia en plenas vacaciones, y en la que parece que tenemos la culpa de las penurias económicas los que hemos sido engañados con ese espejismo de «compra ahora y paga cuando quieras, y cuanto más y más caro, mejor», las superbike puede que no sean tu opción de compra preferida, pero estamos seguros de que aunque no esté el mundo para pensar en ellas como en una realidad, lo sigue estando para soñar.













