No te pierdas el próximo número de LA MOTO (246, octubre de 2010). Comenzamos una serie de artículos para explicarte “todo lo que querías saber sobre suspensiones y nunca te atreviste a preguntar. Pretendemos desentrañar de una vez por todas los “misterios” de la suspensión y su reglaje, uno de los aspectos que más preocupan e interesan al motorista, y lo haremos de la forma más clara posible. Para que nada se quede en el alero. Y para eso vamos a empezar desde el principio, por los fundamentos, que te traemos en este número.
Dentro de un tiempo es posible que ya no tengamos que conducir, que nuestras motos se guíen solas y hagan lo que les de la gana sin que tengamos la menor capacidad de intervención, pero afortunadamente hoy en día todavía podemos jugar con ellas y adaptarlas a nuestros gustos y necesidades. Y por nuestra experiencia en la constante relación que tenemos contigo, si hay algo que te preocupa es precisamente empezar a tocar algo iniciando una secuencia de la que no tienes el control. Como si hubieses activado el temporizador de una bomba que no sabes desarmar.
Bueno, pues vamos a intentar resolver tus dudas de una vez por todas, aunque para ello vas a tener que aprender qué es una suspensión, para qué sirve y cómo funciona. Lamentablemente, si no sabes qué hace una cosa, difícilmente vas a saber regularla.
No es una «magia negra», es relativamente sencillo conocer y prever el comportamiento de tu moto de acuerdo a los cambios que haces en las suspensiones, y además te vamos a dar las instrucciones precisas en dosis digeribles a lo largo de unos cuantos capítulos.
Comenzamos en este número con lo más básico, digiérelo y seguimos avanzando con más detalle. Ahora toca saber para qué está realmente presente la suspensión y como trabaja su arquitectura básica.
¿Por qué tengo suspensiones? Puede que a veces te hayas planteado que la respuesta a esta pregunta es: ¡para complicarme la vida! Pero en realidad tu vida sería mucho peor si no las tuvieras, de hecho todos tus posibles problemas con ellas se reducen a que no hacen bien su trabajo, es decir, que no funcionan correctamente para tus necesidades.
Lo que hace una moto sin suspensiones es fácil de suponer, imagínate un chasis y unos neumáticos rígidos y que vas circulando por una carretera, la moto estaría más tiempo saltando que con las ruedas apoyadas a poca velocidad que tomase. Hace falta intercalar algún sistema que absorba la energía que los baches aportan al chasis por dos motivos: uno es evidentemente la comodidad, filtrar los golpes y vibraciones; otro, tanto o más importante, es intentar mantener las ruedas pegadas al suelo. Sólo de esta forma se pueden realizar operaciones tan obvias como girar, acelerar o frenar.
Lo ideal, y por tanto, imposible, sería lograr que las ruedas fuesen capaces de copiar las irregularidades del asfalto por completo y el chasis de la moto siempre mantuviese una trayectoria paralela al suelo, como si fuésemos sobre el colchón de aire de un «hovercraft», pero todavía no se ha inventado nada así.
Lo que se ha ideado es intercalar un elemento mecánico que absorbe la energía del impacto deformándose y posteriormente recuperando la posición inicial, un resorte. Y a esto hay que añadir el efecto de suspensión de los neumáticos que supone una gran parte cuando hablamos de pequeños desplazamientos. De esta manera se filtran gran parte de las pequeñas y medianas irregularidades. Está claro que si llegamos deprisa a un bache de medio metro no hay sistema capaz de bregar con él, pero sí con lo que nos encontramos normalmente.
El primer problema que notaremos con este sistema rudimentario es que sí, el bache se amortigua y la moto vuelve a su posición, pero no se queda ahí, sino que empieza a oscilar reduciendo la amplitud del movimiento hasta que vuelve a pararse. Si sólo hubiese un bache podría ser asumible, pero como las carreteras están llenas, la moto llega a otro antes de recuperarse de la oscilación y la nueva se suma a la precedente. Quien haya conducido una moto antigua dotada únicamente de muelles sabrá de qué hablamos. Unos cuantos puede que todavía recordéis las Moto Guzzi 65, esas rojas con el cambio en el depósito, que en marcha eran unas máquinas oscilatorias. [...]
Más en LA MOTO 246, el 15 de septiembre en tu quiosco.
























